Hacia un nuevo modelo centrado en las personas

Las personas: sus elecciones, particularidades, inquietudes y proyectos de futuro. Este es el eje sobre el que gira el proceso de mejora de la atención a las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo que la Fundación Asistencial Valentia está poniendo en marcha.

Un cambio de modelo que pasa de uno centrado en los servicios a otro centrado en las personas. El nuevo paradigma pone el foco en los intereses personales de los usuarios, haciéndolos partícipes de la planificación de su futuro. Y en él participan y se integran todos aquellos que forman parte del entorno de la persona con discapacidad intelectual. Todos los trabajadores del centro, desde el personal de mantenimiento o cocina hasta los profesionales sociosanitarios; sus familias; amigos; compañeros… Un auténtico proyecto global que ha comenzado con un periodo de formación para todas las personas involucradas.

La máxima del proyecto: respeto por encima de todo

«El respeto es probablemente la clave más importante de esta nueva dinámica de trabajo», explica Ángel Rus, responsable del Área Transversal de Calidad de Vida de la Fundación Asistencial Valentia. “Buscamos un modelo dirigido a hacer que las personas con discapacidad intelectual sean protagonistas de sus vidas. Según este sistema, las opiniones y preferencias de los usuarios tienen que ser las que prevalezcan”, añade.

Atención centrada en la persona

Para llevar a cabo esta transformación, se ha diseñado una metodología de actuación dividida en 6 fases. El proceso se ha iniciado poco a poco y de forma natural en el día a día.  “Es una metodología integral. Como tal, se dirige a todos los ámbitos de la calidad de vida de los usuarios”, detalla Rus.

Fase 1: Comunicación

La primera fase consiste en la explicación del proceso a la persona con discapacidad intelectual. Durante la misma, el usuario puede decidir si quiere o no generar su proyecto de vida. Es decir, trazar un plan mediante el que expresar cómo quiere vivir.

Fase 2: Elección de la persona de referencia

A continuación, la persona con discapacidad intelectual puede elegir un facilitador. Esta persona se encargará de recoger la información del usuario, sus deseos, anhelos y esperanzas. “El facilitador puede ser cualquier profesional que trabaje en los centros, desde trabajadores sociales a personal de mantenimiento, de cocina o limpieza. Toda la plantilla es susceptible de ser elegida”, detalla el responsable del Área de Calidad de Vida.

El facilitador es una figura que actúa como acompañante, defensor, fuente de información y guía. Su objetivo es el de ayudar a la persona con discapacidad intelectual a preparar y construir su proyecto de vida. Es quien genera confianza y contribuye a que se consigan las metas pretendidas.

Fase 3: Evaluación y definición de necesidades

Durante la tercera fase, se realiza una evaluación inicial de la calidad de vida del usuario y se definen sus necesidades de apoyo. “Las escalas de calidad de vida permiten ir más allá de las opiniones para centrarse en datos objetivos. Así, se identifica el perfil de calidad de vida con evidencias de validez y fiabilidad”, apunta Ángel Rus.

Fase 4: Sesiones de trabajo

La cuarta fase está centrada en la evaluación comprensiva de la persona con discapacidad intelectual mediante las sesiones con el facilitador. En esta etapa, se recogen datos biográficos tales como intereses, deseos, objetivos o prioridades de los usuarios. Ello incluye conversar y escuchar a quienes conocen bien a la persona con discapacidad (otros profesionales, amigos, familia).

Fase 5: Definición del plan de trabajo individualizado

Con toda la información recogida, la persona facilitadora y varios profesionales establecen, junto a la persona con discapacidad, su plan de trabajo individualizado. Se trata de la quinta fase del proceso, la del diseño de un plan de acción. Mediante este plan, se acuerdan objetivos, estrategias y compromisos.

Fase 6: Evaluación de resultados

Por último, la sexta fase es la de evaluación de resultados. “Es necesaria una revisión al trimestre y una evaluación anual para ir viendo la satisfacción y los avances de la persona con discapacidad intelectual”, señala Rus.

Un proceso en la vida

Así, como destacan desde el Área de Calidad de Vida, lo importante de este proceso es proporcionar las condiciones necesarias para que las personas sean protagonistas de sus vidas, diseñen y planifiquen su futuro. Además, se apunta a la necesidad de que dispongan de los medios necesarios para que las cosas deseables sucedan de verdad, encaminándolas a tener una vida que merezca la pena vivir.


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