El confinamiento en Valentia: 4 historias desde la primera línea

Desde hace nueve semanas, nuestra vida ha cambiado. Nuestras rutinas, nuestras relaciones, nuestras inquietudes y nuestros anhelos. Obligados a un confinamiento que nadie había vivido antes, el personal de atención directa de Valentia se ha convertido en este tiempo en el pilar fundamental de los centros. Cada una de las personas que trabajan directamente en el cuidado de las personas con discapacidad han sacado lo mejor de sí mismos para dar lo que nadie podía imaginarse.

Un esfuerzo que ha merecido la pena, como nos cuentan Marta, Vanesa, Andrea y Laura, que lo resume así: “Esta crisis nos ha sacado a todos la parte más humana y ha roto cualquier barrera. Usuarios y trabajadores estamos todos en lo mismo. Con los mismos miedos y las mismas inquietudes”.

Las cuatro coinciden en que la cercanía con los usuarios, la posibilidad de trabajar con más tiempo y la experiencia de crear equipos diferentes a los habituales han supuesto una oportunidad más que positiva durante el confinamiento en Valentia

 

“Los usuarios nos han dado la energía”

 

“Al inicio lo que más costó fue implantar el distanciamiento físico”, explica Vanesa Castán, cuidadora del centro Manuel Artero de Huesca. “Después de tantos años juntos y tan acostumbrados a los gestos cariñosos… tuvimos que practicar mucho el saludo del codo”, recuerda.

En este centro, al igual que en los demás centros Valentia, se adoptaron desde el primer momento las medidas necesarias para garantizar la seguridad: “Lo primero que hicimos fue explicarles a los usuarios cuál era la situación, que tuvieran toda la información”, explica. Y como reconoce Andrea Ginestra, fisioterapeuta del Centro Joaquín Costa de Barbastro, “enseguida lo entendieron”.

Y no solo eso. Para Laura Díaz, responsable del turno de fin de semana en el centro Ignacio Claver de Martillué (Jaca), “ha sido increíble la reacción de las personas que viven en el centro. Han sido ellos los que en muchos momentos nos han dado la energía”, explica. “Ha sido un proceso de aprendizaje en todos los sentidos y un reto importantísimo para poder gestionar a nivel emocional la comprensión de esta situación”.

“Al principio todos estábamos un poco desconcertados; incluidos los usuarios, claro”, reconoce Marta Mur, cuidadora del centro Reina Sofía de Monzón. “Para ellos fueron muy importante las charlas que organizó el médico del centro de salud. Ahora están totalmente mentalizados sobre la necesidad de protegerse, de la higiene…” cuenta con orgullo.

“Lo mejor del confinamiento en Valentia ha sido la cercanía”

“El confinamiento nos ha dado la oportunidad de la cercanía, del diálogo” asegura Vanesa. Desde el inicio, los centros implantaron jornadas intensivas de entre 14 horas y 15 horas para limitar el tránsito de personas cada día. “Al hacer jornadas más largas, hemos compartido momentos nuevos tanto con los usuarios como con el equipo de trabajo. Ha habido más cercanía, más diálogo… incluso algunos nos han contado cosas que nunca habían contado. Ha sido sin duda lo mejor del confinamiento en Valentia”.

Y esta impresión positiva de un momento tan delicado, es la misma que ha tenido Laura en Martillué: “la relación con las personas del centro ha sido más cercana e intensa”.

En el centro Reina Sofía de Monzón, Marta Mur coincide en que para los usuarios ha sido un momento especial en cierto modo. “La dinámica de horarios más flexibles, menos rígidos y la convivencia durante más horas seguidas con los cuidadores les han hecho estar más tranquilos. No teníamos la presión del reloj”.

Y esa cercanía ha llegado también a los equipos de trabajo. En la mayoría de los centros, los miembros de cada turno se han mezclado. “Hemos descubierto a compañeros que casi no conocíamos y que son grandísimas personas. Además, la incertidumbre y la tensión de cumplir con todas las normas para evitar cualquier riesgo, nos ha unido mucho”, comenta Andrea. Y con ella coincide Marta, que explica que “trabajar con gente con la que no has trabajado antes te hace descubrir otra manera de hacer las cosas. Hemos reflexionado mucho y hemos sacado conclusiones muy positivas. Y hemos aprendido a valorar el trabajo de todos y a trabajar mucho más en equipo. Nos ha aportado muchísimo como compañeros”.

Laura confiesa: “me he dado cuenta del equipazo que hay en Martillué. “Hemos trabajado desde el cariño y dando la mejor cara. Eso ha creado un buen ambiente que ha sido clave”.

“El apoyo que hemos recibido es una bocanada de aire fresco”

Y es que la sensación de sentirse parte de un equipo y el apoyo constante han sido, como dice Laura, “una bocanada de aire fresco”. Desde el seguimiento y el apoyo que los centros han recibido del área de Calidad hasta la estrechísima colaboración de los centros de salud o las instituciones. Incluso entre los propios centros, entre los que se ha generado un estrecho vínculo.

“El apoyo se agradece”, coincide Andrea, que valora muchísimo la atención que les han prestado desde el centro de salud de Barbastro.

También el apoyo de las familias ha sido importante. “Hemos descubierto el mundo de las videollamadas y creo que deberíamos mantenerlas”, asegura Marta Mur.

 

“Me quedo con buen sabor de boca”

Sin duda, de este proceso, hemos salido mejores.  “Más fuertes”, como dice Andrea, que se muestra convencida: “a pesar del momento agridulce, me quedo con buen sabor de boca”.

Es el caso de Marta, que hace una valoración muy positiva. Ella cree que habría que mantener, además de las videollamadas, “el compañerismo, la dinámica de trabajo y seguir explotando las zonas de jardín y al aire libre”.

“Antes que cualquier otra cosa, prevalece lo que hemos aprendido y que todos, sin excepción, hemos dado la talla”, asegura Laura Díaz. “Estamos mentalizados y preparados de cara al futuro”, concluye.

Todas ellas han demostrado que la mejor prevención contra el coronavirus es la calidad humana. Enhorabuena y gracias de todos los que formamos parte de Valentia.

 

 


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