Madres extraordinarias en un Día de la Madre extraordinario

Nunca antes ninguno de nosotros había felicitado el Día de la Madre en una situación tan excepcional como la que nos encontramos este año. En muchos casos, separados físicamente y unidos a través de las redes virtuales. Las videoconferencias, los mensajes a distancia… hasta los repartidores de tiendas y floristerías, convertidos este año en portadores de felicidad. Por eso, ante una situación tan así, hemos querido dedicar este día para rendir un sincero homenaje a todas esas madres cuyas circunstancias las han convertido en extraordinarias.

Loli, Ángela y Vicky son madres de varios hijos. Alguno de ellos, con discapacidad intelectual. Hemos querido conocer de cerca sus historias que son, en definitiva, una pequeña muestra de todas las madres que forman la familia Valentia.

“Estoy contenta: a mí me quiere la Ama”

Loli tiene cuatro hijos. La tercera, Nerea, ha cumplido 44 años en pleno confinamiento y, por primera vez de desde hace muchísimos años, en familia. Porque pese a que desde los 10 años ha vivido en diferentes residencias para personas con discapacidad, la crisis del coronavirus la está pasando en casa con sus padres, en Cerler.

“Nerea es la tercera de mis hijos. Nació cuando yo tenía solo 26 años y en ese momento se me cayó el mundo encima”, explica Loli con una tremenda serenidad. “Hemos pasado momentos muy difíciles pero también hemos compartido muchísimas alegrías. Esta casa es inconcebible sin Nerea. De alguna manera, ella une a la familia”. Y ahora que llevan seis semanas de convivencia, está especialmente feliz.

“Nerea echa de menos su casa de Barbastro, el centro en el que vive y que es su auténtico hogar. Tenemos que llamar a diario y cada mañana me recuerda que avise para que le sigan reservando la habitación”, bromea. “Pero es muy agradecida y ahora que está con nosotros le encanta que le cocine, su música… sus juegos. Y sueña con el bingo a distancia al que jugamos toda la familia cada sábado”, explica orgullosa. Y recuerda emocionada aquélla sobremesa en familia, con sus hijos quejándose por diferentes motivos hasta que Nerea dijo: “Yo estoy contenta: a mí me quiere la Ama”.

Es un regalo que Loli guarda en el único sitio en el que las cosas no se pierden: su corazón. Hoy además, será la única hija con la celebrará en persona el Día de la Madre. Sin duda, otro regalo extraordinario.

“¡Viva la madre que me parió!”

Patricia es espontánea, risueña y muy resuelta. Estos días de confinamiento ha vuelto a Castejón de Monegros, con sus padres. Y desde allí ha colaborado con su madre, Ángela, y el Ayuntamiento para hacer llegar 350 mascarillas para sus compañeros del centro Manuel Artero de Huesca. “A mi ya no me puede tocar la lotería”- explica Ángela- “me tocó el día que Patricia entró en el centro de Valentia. No puedo estar más agradecida”.

“Patricia es mi amor; es mi vida”, confiesa su madre. Por ella tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: dejar de trabajar. Recuerda los primeros momentos: “yo no me daba cuenta de que era Síndrome de Down”. “Pero después de todo, me quedo con lo positivo”, asegura.

Y estos días de convivencia, son el mejor regalo para Ángela. “Me he dejado y me dejaré la vida por ella. Estos días, hasta sacamos a su padre de la cama y se viene a dormir conmigo”, cuenta riendo.

Ángela no duda ni un segundo: “es lista como ella sola” y se ha ganado a todo un pueblo que en los primeros momentos, la miraban con curiosidad. “En las fiestas del pueblo no tuvo ningún pudor en gritar delante de todos…. ¡Viva Santa Ana! ¡Y viva la madre que me parió”. Ángela tiene claro que como una madre no hay nadie y sabe que Patricia le tiene guardada una sorpresa para hoy. El regalo de su tiempo juntas, lo están disfrutando ambas.

 

“Lo primero, mi madre”

Juan es el pequeño de tres hermanos. “Todos, tanto nosotros como sus hermanos vivimos para él”, explica Vicky. Vive en el centro Reina Sofía de Monzón, donde está feliz. “Viene cada 15 días y ahora con esta situación, estamos en contacto por teléfono, videollamadas, nos mandan muchísimas fotos y vídeos…”, asegura su madre.

A Vicky, que nunca le había interesado el fútbol, puedes preguntarle ahora cualquiera de las alineaciones de primera división y se las sabe. “A Juan le encanta el fútbol y sobretodo ir a ver los partidos a la Peña. ¡Y nos ha enganchado a todos!”, cuenta.

Al echar la vista atrás, Vicky reconoce que ha sacado fuerzas de dónde no sabía que las tenía. Pero ahora está tranquila, serena y feliz. “Hemos tenido, pese a todos los problemas, una vida tranquila., asegura. Para ella, esto del coronavirus y el confinamiento no le altera ni lo más mínimo. “Ahora que Juan está tan contento, yo estoy disfrutando de la vida”.

Y para ella, el mejor regalo es saber que para Juan, ella es lo primero. “Está siempre pendiente de su madre, defendiéndola en cualquier situación. ¿Qué más puedo pedir?”

 

A Vicky, a Ángela, a Loli… y a todas las madres con hijos con discapacidad: ¡Feliz día de la madre!


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