Sexualidad sin tabús, un paso más hacia la normalización

Negación y silencio son términos que aún hoy permanecen asociados a la sexualidad de las personas con discapacidad intelectual. Por eso, ofrecer espacios en los que hablar de este tema y abordarlo desde la positividad y la normalidad son acciones tan básicas como necesarias para romper límites, barreras y tabús. Tanto los autoimpuestos como, sobre todo, los que vienen marcados por el entorno social.

“El cambio de enfoque se ha de producir desde la sociedad”, destaca Ángel Rus, responsable del Área Transversal de Calidad de Vida de la Fundación Asistencial Valentia. El camino, en su opinión, pasa necesariamente por la normalización y el reconocimiento a la autodeterminación de la persona.

“Es difícil construir espacios de intimidad en entornos residenciales donde las personas que allí viven no han tenido la oportunidad de elegir con quién convivir, donde las parejas estables no tienen oportunidad de convivir como lo haríamos otras personas… Todo lo que se asemeje a cómo puede ser la vida de las personas en contextos normalizados sería lo más deseable”, explica Rus.

El derecho a vivir su sexualidad de forma satisfactoria

Con el objetivo de contribuir a crear este marco de normalidad, en el seno de la Fundación Asistencial Atades Huesca se han puesto en marcha acciones formativas fundamentadas en  el derecho de las personas con discapacidad intelectual a vivir su afectividad e intimidad de forma satisfactoria. Así, en el centro de la entidad en Fraga, las personas con discapacidad intelectual están participando a lo largo del año en un ciclo de charlas y sesiones de videofórum donde se están tratando estos temas.

“La sexualidad es un derecho y como tal, debemos esforzarnos para que sea una realidad en las personas con discapacidad intelectual”, subraya Hortensia Nicolás, directora del centro de Fraga. “En primer lugar, organizamos  en el centro una charla para las familias y otra con las personas de nuestro taller, tratando estos temas. De las charlas surgió la necesidad de hablar más de sexo sin tabús. Por ello, programamos las sesiones de videofórum”, añade.

En el videofórum, las personas con discapacidad intelectual asisten cada trimestre al visionado de una película y después, participan en un debate. “Tratamos el tema con total naturalidad y no lo coartamos, sino que profundizamos en él. Gracias a esto, podemos decir que hemos creado un clima de confianza”, describe Pilar Cortí, educadora del centro en Fraga.

Dudas y sentimientos confusos

Crear ese clima de confianza en el que poder hablar sobre afectividad sin tapujos y preguntar por términos que desconocen no es una tarea fácil. “La realidad de las personas con discapacidad es que desconocen muchas cosas y si tienen alguna duda, no la exteriorizan”, comenta Cortí. En esta misma línea se expresa Rus: “ellos mismos también han arrinconado este tema a un espacio del que es difícil sacarlo por miedo o pudor”.

Para el responsable del Área de Calidad de Vida de la Fundación Asistencial Valentia, la razón se encuentra en las trabas con las que se han encontrado durante mucho tiempo las personas con discapacidad intelectual en su educación sexual. “Han sido personas asexuadas, sin derecho a expresar y vivir su sexualidad, infantilizadas y malinterpretadas en sus expresiones de afecto. Esto es lo que les genera dudas y sentimientos confusos, ambivalentes y con una gran carga de culpabilidad. Por este motivo es tan importante el papel de su familia y/o entorno”, explica Rus.

En este sentido, aprender a diferenciar tipos de relaciones y conductas es otra de las líneas de trabajo que se están impulsando desde el Centro Ocupacional Bajo Cinca de la Fundación Asistencial Atades Huesca en Fraga. “Con Lorena Sisó, psicóloga del centro, estamos trabajando las relaciones personales. Muchos confunden las relaciones de amistad con la de noviazgo, no saben qué es realmente tener una relación sexual plena o piensan que es otra cosa muy diferente”, detalla la educadora del centro Pilar Cortí.

Trabajando desde respeto a la autodeterminación  

Un aspecto fundamental a la hora de abordar la esfera afectiva y sexual de las personas con discapacidad intelectual es que las propuestas formativas desde las organizaciones y otras acciones de apoyo partan de sus intereses e inquietudes.

“Partiendo del reconocimiento de la autodeterminación de la persona, se puede impulsar un trabajo en el que los objetivos profesionales y familiares tienen que estar completamente alineados con las expresiones de los deseos de la persona. Una vez conocidos esos deseos, hay que descenderlos a hechos concretos. Metas que la persona tiene que ir alcanzando con el apoyo de profesionales, familiares y otros apoyos naturales que forman parte de su red social”, expone Rus.

El derecho a vivir una vida independiente con los apoyos precisos incluye elegir la propia sexualidad, compartirla con las personas que uno quiera, encontrar ese lugar donde vivir que satisfaga a la persona… En definitiva, conocerse, aceptarse y expresarse con satisfacción. “Hay que caminar despacio pero con firmeza con acciones concretas que vayan despertando intereses personales y personalizados, desde el respeto”, defiende el responsable del Área de Calidad de Vida de la Fundación Asistencial Valentia. En palabras de Cortí: “Hay que pensar siempre en la PERSONA, en sus DERECHOS y en su FELICIDAD”.


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